Tres años de Bogotá39 (I). Martín Felipe Castagnet

Con el objetivo de seguir celebrando la buena literatura, resaltando el talento y la diversidad de de producción literaria en Latinoamérica, hablamos con los integrantes de la lista Bogotá39-2017, tres años después de haber sido seleccionados. Comenzamos con Martín Felipe Castagnet (Argentina), autor de Los mantras modernos.  

Han pasado tres años desde que se publicase la lista Bogotá39-2017 y fuiste seleccionado. ¿Nos puedes contar cómo ha continuado tu trabajo como escritor/a desde entonces?

Mi trabajo como escritor continuó sin modificaciones. Me comí los canapés y volví al desconcierto cotidiano, donde las páginas no tienen sentido hasta que de pronto algo aparece. Como canta Sufjan Stevens: «no hay problema si acierto / me doy vuelta y pruebo de nuevo».

¿Podrías compartir con nosotros los nombres de tus autores/as favoritos de cuento y novela?

Hace poco descubrí a Agota Kristof y me sumo a la larga fila de sus admiradores. Y ahora regreso a Melville (como si alguna vez me hubiera ido) gracias a M, el brutal libro de Eric Schierloh.

¿En qué proyecto/s estás involucrado en estos momentos?

Estoy reescribiendo una novela que me saca el sueño desde el 2017 y de paso termino los cuentos que afloran en el medio, como yuyos que crecen solos y que por lástima también los riego.

¿A qué paisano/a tuyo recomendarías para una hipotética Bogotá39-2027?

Recomendaría a Olivia Gallo, la autora de Las chicas no lloran, y a Leila Sucari, autora de Adentro tampoco hay luz y Fugaz.

¿Cuál deber ser el papel de la cultura en el mundo post-cuarentena? ¿Crees que cambie mucho en relación al contexto previo?

El papel de la cultura es el libro. Mantengamos esa brújula y el barco se endereza solo.

Borges se imaginó el paraíso como una gran biblioteca, Kafka se imaginaba viviendo en un sótano donde pudiese leer, y Woolf recalcó la importancia de una habitación propia para escribir poesía y ficción. En tiempos de confinamiento y con los nuevos formatos de lectura digital, tal vez ellos hubieran cumplido sus fantasías. Para un escritor, ¿es la cuarentena un paraíso o una pesadilla?  

El confinamiento no se distingue demasiado de mi vida cotidiana. Antes iba al mercado y viajaba a la universidad una vez por semana; ahora salgo al mercado una vez por semana y las clases las doy desde casa. Pero no lo llamaría paraíso. Sigo sin tener habitación propia para poder escribir, como la mayoría de los autores jóvenes y precarizados. Y los escritores necesitamos a nuestros amigos; yo extraño mucho a los míos.

¿Durante el confinamiento estás siendo más escritor o lector?

Pensé que no iba a poder escribir demasiado, pero el Centro Cultural España me encargó unas columnas y usé la excusa del dinero para ponerme de vuelta en marcha. Me obligué a retomar la lectura y después de un par de libros retomé mi novela. La escritura es un veneno, dicen los antiguos, y se contagia leyendo.

¿Cuál es el libro inevitable durante el confinamiento?

El aislamiento es la tormenta perfecta para terminar de leer la poesía completa de César Vallejo. Una estrofa en Poemas humanos: «Jamás, hombres humanos, / hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, / en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! / Jamás tánto cariño doloroso, / jamás tan cerca arremetió lo lejos, / jamás el fuego nunca / jugó mejor su rol de frío muerto! / Jamás, señor ministro de salud, fue la salud / más mortal».