Tres años de Bogotá39 (IV). Cristian Romero

Han pasado tres años desde que se publicase la lista Bogotá39-2017 y fuiste seleccionado. ¿Nos puedes contar cómo ha continuado tu trabajo como escritor desde entonces?

He conocido más personas, claro. Sigo teniendo contacto con algunos pocos compañeros y compañeras de la lista, con quienes creo se han tejido lazos fuertes. Digamos que eso fue lo mejor de estar en Bogotá39, conocer nuevos amigos y amigas. Bueno, y me han invitado a algunos eventos. Por lo demás, sigo siendo la misma persona antes de quedar en la lista. Leo, escribo, vivo con un perro y trabajo en una biblioteca. 

Has publicado cuento y novela. ¿Podrías compartir con nosotros los nombres de tus autores/as favoritos en cada género?

Eso siempre varía, cada tanto me obsesiono con escritores distintos. Ahora mismo, por ejemplo, como cuentistas nombraría a George Saunders y a Flannery O’Connor. Novelistas, China Miéville y Toni Morrison —a quien empecé a leer hace poco y me ha parecido alucinante—. 

¿En qué proyecto/s estás involucrada en estos momentos?

Tengo un libro de cuentos que terminé antes de que estallara la pandemia y he estado trabajando en una nueva novela, aunque durante la cuarentena no los he querido tocar. 

¿A qué paisano/a tuyo recomendarías para una hipotética Bogotá39-2027?

Probablemente a José Ardila o a Luis Carlos Barragán. 

¿Cuál deber ser el papel de la cultura en el mundo post-cuarentena? ¿Crees que cambie mucho en relación al contexto previo?

Supongo que la cultura va a seguir teniendo el mismo papel que siempre ha tenido: ser un puente para imaginar otros mundos posibles. ¿Todo va a cambiar? Creo que serán cambios paulatinos, lentos. El sistema capitalista buscará formas de seguir siendo el modelo dominante, intentará reinventarse, pero va a tener las cosas muy difíciles, pues creo que los movimientos de resistencia van a ser mucho más agresivos y firmes, toda esa rabia social que ya venía reventando antes de la pandemia está ahí, represada, con ganas de salir a seguir gritando. De repente todo el sistema capitalista ha quedado desnudo, le es imposible ocultar sus grietas incluso a los ojos de muchos de sus creyentes y me parece que las personas que están viviendo esto, sobre todo las nuevas generaciones, incluyéndome a mí, van a quedar con muchas ganas de imaginar otros futuros y de buscar las maneras de que esos futuros sean posibles. Eso espero, claro. Intento ser optimista. 

Borges se imaginó el paraíso como una gran biblioteca, Kafka se imaginaba viviendo en un sótano donde pudiese leer, y Woolf recalcó la importancia de una habitación propia para escribir poesía y ficción. En tiempos de confinamiento y con los nuevos formatos de lectura digital, tal vez ellos hubieran cumplido sus fantasías. Para un escritor, ¿es la cuarentena un paraíso o una pesadilla?

Para mí no ha sido precisamente un paraíso. No sé cómo se pueda romantizar esto. Me la paso trabajando, todo se ha triplicado con esto de la virtualidad, y hay demasiadas ansiedades e incertidumbres alrededor. 

¿Durante el confinamiento estás siendo más escritor o lector?

Puede que más lector, pero me ha costado ser discplinado. Soy una persona ansiosa, me es difícil concentrarme. 

¿Cuál es el libro inevitable durante el confinamiento?

Cualquier libro de ciencia ficción, supongo. Sobre todo para los que nunca han leído ciencia ficción. No porque esté de acuerdo con esa frase manida de “estamos viviendo un presente de ciencia ficción”, es porque ahí, en muchos de esos libros, siempre ha habido una voluntad de imaginarse otros futuros, otros mundos e, incluso, otros mundos después del fin del mundo. Uno de Ursula K. Leguin estaría bien, por ejemplo.