Tres años de Bogotá39 (XIV). Mauro Libertella

Con el objetivo de seguir celebrando la buena literatura, resaltando el talento y la diversidad de de producción literaria en Latinoamérica, hablamos con los integrantes de la lista Bogotá39-2017, tres años después de haber sido seleccionados. Hoy con nosotros el escritor Mauro Libertella (Argentina), autora de obras como Mi libro enterrado,El invierno con mi generación Un reino demasiado breve.

Han pasado tres años desde que se publicase la lista Bogotá39-2017 y fuiste seleccionada. ¿Nos puedes contar cómo ha continuado tu trabajo como escritor desde entonces?

El tiempo pasa rápido pero lento, ese es su efecto desconcertante, así que en estos tres años ha sucedido de todo y, mirado de cerca, no sucedió nada. En términos de puros “resultados” terminé una novela que se llama El futuro anterior, que se publicará cuando toda esta pandemia empiece a quedar atrás, y también escribí un libro sobre el escritor uruguayo Mario Levrero que se editó en Chile el año pasado con el nombre de Un hombre entre paréntesis. Luego, intentos fallidos, ideas sueltas, comienzos huérfanos: lo de siempre. 

Escribes novela y ensayo. ¿Podrías compartir con nosotros los nombres de  tus autores/as favoritos en cada género?  

Son muchísimos. Lo que aparecen ahora: Roberto Bolaño, María Gainza, César Aira, Sergio Bizzio, María Moreno, Sylvia Molloy, Juan José Becerra, Alan Pauls, Amelie Nothomb, Annie Ernaux, Joan Didion, Alejando Zambra, Leila Guerriero, Janet Malcolm, Gonzalo Maier, Matías Serra Bradford, Edgardo Cozarinsky, Margo Glantz, Fleur Jaeggy, Sara Mesa, Luc Sante, Emanuel Carrere, Sharon Olds. 

¿En qué proyecto/s estás involucrado en estos momentos?

Terminé una novela hace poco así que estoy en un momento “entre proyectos”, esa especie de interzona de contornos borrosos donde tenteamos a ciegas esperando encontrar algún hilito del que empezar a tirar. En estos días creo que lo encontré, pero es demasiado pronto para darle entidad a ese primer chispazo. 

¿A qué paisano/a tuyo recomendarías para una hipotética Bogotá39-2027?

Francisco Bitar, Tamara Tenenbaum, Romina Paula, Luciano Lamberti, Inés Acevedo. 

¿Cuál deber ser el papel de la cultura en el mundo post-cuarentena? ¿Crees que cambie mucho en relación al contexto previo?

Ojalá el papel fuera más central del que era, aunque al mismo tiempo el lugar algo replegado, casi clandestino que tiene la cultura en muchos de nuestros países, le confiere una potencia que quizás no tendría si fuera central y, sobre todo, oficial. Pero no quiero romantizar la marginalidad del hecho cultural. Respecto del futuro, no me atrevo a hacer vaticinios. 

Borges se imaginó el paraíso como una gran biblioteca, Kafka se imaginaba viviendo en un sótano donde pudiese leer, y Woolf recalcó la importancia de una habitación propia para escribir poesía y ficción. En tiempos de confinamiento y con los nuevos formatos de lectura digital, tal vez ellos hubieran cumplido sus fantasías. Para una escritora, ¿es la cuarentena un paraíso o una pesadilla?

Creo que el confinamiento voluntario es un paraíso y el confinamiento obligatorio es una pesadilla. Durante mi vida “normal” solo busco formas del confinamiento voluntario: cafés vacíos, espacios silenciosos, tiempo libre, soledad. Pero ahora las noticias, el monotema del coronavirus y la perspectiva cercana de una crisis económica y humana dantesca se parece muchísimo a una pesadilla y no creo que nadie lo esté disfrutando a pesar de que, oh paradoja, todos los días tienen momentos buenos y, seguramente, cuando esto termine, será el momento de extrañar nuestros días en el purgatorio. 

¿Durante el confinamiento estás siendo más escritor o lector?

Más lector, sin dudas. Quizás, si estuviera con una novela o un libro a medio escribir, aprovecharía para avanzar día y noche. Aunque no creo: para escribir también se necesita cierta tranquilidad espiritual, para llamarla de algún modo, y este mundo en combustión no es tranquilo para nadie. 

¿Cuál es el libro inevitable durante el confinamiento?

Quizás La novela luminosa, de Mario Levrero: un diario del encierro de 600 páginas, donde todos los días son iguales, del mismo modo que lo son para nosotros hoy. O Borges de Bioy Casares, un objeto increíble, como no hay otro en el mundo: el diario de una amistad, dos mil páginas de la transcripción de todas las veces en las que esos dos amigos se juntaron a comer en la casa de uno de ellos.