Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración

La Ilustración y el subsecuente tránsito hacia la modernidad trajeron consigo una nueva dimensión dentro de los pactos entre los Estados y los individuos que viven en el interior de su territorio. Desde el siglo XVII algunos gobiernos como el británico introdujeron figuras legales que asignaban a los seres humanos ciertos derechos inalienables (con el Habeas Corpus Act).

Guerras (como la de secesión norteamericana o la Primera Guerra Mundial) y conflictos tanto civiles como entre países, aumentaron la presión por incorporar una red de protección para los ciudadanos ante las atrocidades y los atropellos registrados a lo largo de la Historia, causados por diversos conflictos de poder. Así fueron promulgándose leyes en contra de la esclavitud, otorgando derechos de sufragio a mujeres, leyes de protección infantiles, etcétera.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la recién creada Organización de las Naciones Unidas estimó urgente la redacción de un documento cuya intención era establecer una tabula rasa en materia de derechos humanos para los países miembros de la organización. Obviando la discutible autoridad moral de las potencias occidentales a cargo del desarrollo del documento, el texto establece un manto conceptual para combatir los abusos de poder, la xenofobia y el racismo, la discriminación, la explotación y la segregación.

El desastre neoliberal ha traído consigo la reactivación de éxodos masivos de personas que son desplazadas por conflictos bélicos, desastres medioambientales, guerras o colapsos económicos. Estas migraciones han despertado el auge de ciertas formas de nacionalismo y pensamiento reaccionario en buena parte de los “países desarrollados”.

Facciones de extrema derecha han crecido desde la ignominia (al caer el fascismo) hasta ocupar porciones importantes de aparatos legislativos o incluso hasta detentar el poder ejecutivo de algunos países (como en Estados Unidos o Hungría, por dar sólo dos ejemplos).

Ante un escenario como el actual, un documento como la Declaración Universal de los Derechos Humanos adquiere una relevancia fundamental. No sólo para invocar el pacto de humanidad y civilidad que la constituye, sino como un urgente recordatorio de los posibles derroteros del fanatismo y el pensamiento ultra conservador.

30 figuras públicas (David Grossman, Patti Smith, Ai Weiwei, Priya Basil y 26 destacados músicos, artistas, intelectuales más) realizan una lectura de este documento para recordarnos los derechos fundamentales de nuestra especie, los nuestros y, de manera quizá más relevante, los de los otros.

El documental puede verse en esta liga.