El rostro de la resistencia

A mediados de los noventa, Isabella Lorusso realizó una investigación acerca de la guerra civil española como culminación de sus estudios la universidad de Bolonia. Conforme avanzó en su proceso, se encontró con que aquel conflicto no solo fue una batalla entre falangistas y republicanos, sino también entre las distintas alas de la izquierda —comunistas, marxistas, estalinistas, anarquistas—, y, lo más importante, dio con un colectivo llamado Mujeres libres, conformado por más de veinte mil mujeres organizadas que, desde diversas trincheras y por distintos motivos, emprendieron la lucha contra el fascismo. 

Durante diez años Lorusso siguió el rastro de algunas de ellas, la mayoría exiliadas en otros países, México incluido, para recoger sus testimonios, de los cuales se compone Mujeres en lucha, libro sobre el que versó la conversación con Diego Rabasa y el director de cine Ken Loach, quien por aquella época entrevistó también a muchas de esas mujeres como parte del proceso de documentación de su película Tierra y libertad, cruzando desde entonces su camino con el de la escritora italiana. 

Una vez sorteadas las dificultades, primero para dar con las personas buscadas, luego para lograr las entrevistas —con el afán de protegerlas, sus propios familiares se opusieron en muchos casos—, Lorusso se topó con experiencia múltiples, unidas por una doble lucha: contra el fascismo, por supuesto, pero también contra el patriarcado. Sus compañeros de frente eran también el enemigo en casa. Aquellas mujeres fueron vanguardia. Iban de pueblo en pueblo reclutando mujeres. Les hablaban de todos los temas: la libertad, el aborto, el matrimonio, el amor entre mujeres. Y se opusieron a la orden de Durruti, quien quería retirarlas del frente para mandarlas a la cocina.   

Ante el cuestionamiento de Rabasa sobre de la necesidad de una mirada extranjera para dar voz a quienes no la habían tenido, Lorusso respondió: “La visión de un extranjero es más clara, las preguntas que yo me hice y les hice no podrían haberlas hecho los del lugar porque de alguno u otro modo están involucrados en el conflicto. La obra no hubiera sido posible si yo hubiera nacido en España”. 

Para cerrar la amena charla, Ken Loach habló brevemente sobre Sorry, we miss you, su más reciente película, un retrato de la economía del emprendedurismo. Cuenta la historia de una familia donde el esposo trabaja como chofer para una enorme empresa de ventas en línea. Él es el responsable de todo. De conseguir el vehículo, de su mantenimiento, de pagar el combustible, de responder por cualquier daño u omisión, si se enferma no hay quien lo atienda y le pague esos días, si llega tarde lo multan. Trabaja catorce horas diarias para ganar un salario mínimo. Le hacen creer que él es su propio jefe, aunque realmente es un trabajador sin ningún tipo de derecho. “Es la forma perfecta de explotar a alguien”, dijo Loach. “Pero a la vez es una gran contradicción, ya que por un lado se explota a los trabajadores para generar ganancia, pero al no pagarles lo suficiente son incapaces de consumir”. El director inglés fue enfático: “Solo podremos cambiar las cosas con la pasión y el compromiso que mostraron las mujeres que aparecen en libro de Isabella”. Libro que, por todo lo dicho, es un rostro emocional y humano de la resistencia.